Sí a las drogas

“Elige un futuro. Elige la vida. Pero, ¿por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tiene heroína?”

Con este pequeño speech podemos resumir perfectamente la cinta del británico Danny Boyle, director también de, entre otras, “La playa”, “Slumdog Millionaire” (Oscar incluído), “127 horas” o “Steve Jobs”. Se basa en un novela de Irvine Welsh y se rodó en 1996. La premisa en muy sencilla, el protagonista, un joven de Edimburgo interpretado por Ewan Mc Gregor vive enganchado a la heroína y aunque quiere poner fin a su adicción recae constantemente en cuanto trata de aguantar los primeros síntomas del síndrome de abstinencia. Ni el comienzo de su relación con su novia consigue ponerle en el buen camino. Llega a tal punto de autodestrucción que sus padres deciden tomar medidas drásticas y deciden aislarle del exterior. El protagonista, de nombre Renton además tiene una pandilla de lo más especial; el descerebrado Spud,un mujeriego especialista en Sean Connery llamado Sick Boy, Tommy, que en un principio es el único que no consume y Begbie, un psicópata que encuentra placer buscando pelea en cualquier sitio público. Hasta aquí la sinopsis pura y dura.

Si la obra se ha convertido en una película de culto es por la crítica social de los problemas con las drogas en la década de los noventa. Con un estilo difícil de ubicar, ya que tiene momentos humorísticos gracias a la visión divertida del protagonista y otros de denuncia social con momentos muy crudos.

En su momento fue bastante controvertida ya que trata de forma cínica e irónica el mundo de las drogas y podríamos pensar que se hace apología de sus “bondades”, ya que Renton tiene como única idea en la vida consumir y pasarlo bien con su banda y habla de sus chutes como la mejor experiencia que se pueda tener en la vida pero multiplicado por mil. Él piensa que de esta manera es libre, sin tener que atarse a un trabajo, hipoteca, pareja, hijos… Una visión sórdida, propia de un toxicómano, pero pronto toda esa idealización de su estilo de vida sin preocupaciones cae como un castillo de naipes, ya que sin darse cuenta está entrando en una vorágine de la que le es imposible salir, una vida en la que solo se preocupa de conseguir dinero para su próximo chute, renunciando a cualquier esperanza de tener un futuro.

La degradación y dependencia que sufre la pandilla es tal que pronto comienza todo a convertirse en una pesadilla y empiezan a conocer el lado más aterrador de ese mundo, la muerte de uno de los protagonistas y la infección del VIH de otro de ellos. Además el protagonista se da cuenta de que realmente no tiene amigos, sino que están unidos solo por la necesidad de compartir sustancias y, sin querer hacer spoiler, se ve en el momento en que se pone a prueba la fidelidad entre ellos cuando se anteponen sus intereses personales. En el film los amigos realmente simbolizan los diferentes tipos de yonkis, con sus paranoias y taras.

Otra de las señas de identidad de Trainspotting es la forma en la que está grabada. Con un lenguaje más propio de un videoclip. Planos grabados con cámara en mano, planos que se congelan mientras se escucha una narración, escenas de muy corta duración que confieren a la película un ritmo trepidante… y sobre todo esa voz en off de Renton dando su punto de vista de los hechos acaecidos. No podemos obviar en este apartado varias escenas que se vienen a la cabeza en cuanto pensamos en Trainspotting. Ya el comienzo es bastante reconocible cuando empieza con el monólogo de Renton y aparece junto con Spud corriendo por las calles de Edimburgo huyendo de los guardas de seguridad. O esa escena en la que necesita encontrar un baño como sea y se produce un viaje onírico a través del retrete, que hayas visto la película o no seguro que en algún momento has podido ver. Y qué decir de la escena en la que estando drogados encuentran al bebé muerto.

La película. como toda buena obra, tiene un gran número de curiosidades. Lo que partió como una novela más tarde se convirtió en una obra de teatro, en la que el actor que interpretaba al protagonista era Ewen Bremner, nombre que puede no ser muy familiar, pero se da la curiosidad de que es quien interpreta a Spud en la película, uno de los amigos de Renton, mientras que Irvine Welsh, el creador de la novela también aparece en la película y es quien vende a Renton esos supositorios con opio que le hacen “viajar” a través del retrete. Para crear esa desagradable escena, en la que el baño era vomitivo se utilizó… chocolate.

El film se contó con un presupuesto de 1.5 millones de libras y consiguió recaudar 50 millones. Tuvo bastante éxito, hasta el punto de estar nominada a los premios Oscar por el guión adaptado. Y hablando de adaptar, el director decidió subtitular los primeros veinte minutos, y es que dado el fuerte acento escocés de los protas, Boyle tenía miedo de que en Estados Unidos no entendiera una sola palabra y los americanos abandonaran la sala antes de tiempo. En España hay una voz muy conocida en el doblaje, y es que Santiago Segura prestó su voz a un personaje.

Hay otras anécdotas que hablan bien a las claras de la profesionalidad de Mc Gregor (o su locura). En el rodaje sugirió a Boyle que debería inyectarse la heroína para meterse, nunca mejor dicho, en el papel y saber qué se sentía. Lógicamente el director se opuso, pero si que Mc Gregor aprendió a preparar la heroína, eso sí, utilizando glucosa y para las escenas en las que se veía en primer plano como se inyectaba crearon una réplica de su brazo.

El director, para motivar a los jóvenes actores hacía sesiones de cine en la que veían películas como “La naranja mecánica” o “El exorcista”, y de esta segunda surgió la escena del bebé gateando por el techo.

Dos de las “marcas propias” de la película son su original cartel y su potente banda sonora. En cuanto al cartel, llama la atención que en vez de estar diseñado para ponerse en vertical es apaisado. Este cartel presenta a los personajes en blanco y negro junto con sus nombres y numerados, contrastando con un naranja arriba y abajo. Los números hacen referencia a que en la novela cada capítulo es narrado bajo el punto de vista de un personaje. También podemos observar en el póster que no están todos los personajes principales, y es que el actor que interpreta a Tommy estaba de vacaciones en el momento de la sesión de fotos.

De la banda sonora poco se puede decir, ya que quizá sea más conocida que la propia película y es una auténtica joya por sí sola. La música elegida te mete desde el primer momento en la película de una forma trepidante, y para acompañar el gran comienzo con el ya citado monólogo y persecución suena “Lust for life” de Iggy Pop. La música de esta canción de 1977 no es del propio Iggy, sino de Bowie. Por esa época vivían juntos en Berlín ya que, irónicamente, se mudaron a Europa para tratar de desengancharse de la droga. Durante la película escuchamos grandes temas de Brian Eno, Blur, Primal Scream, el “Perfect day” de Lou Reed, que, valga la redundancia, es sencillamente perfecto.

Y de igual manera que empieza el film por todo lo alto, acaba igual con un tema de Underworld, el “Born Slippy”, que además se convirtió en un éxito de ventas tras aparecer en la película y te deja con un auténtico subidón, como esos de los que hablaba Trenton al comienzo de la película, antes de que todo se torciera.

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